Dicho estudio revela un perfil de consumidor menor de 35 años, fácilmente influenciado por su entorno y con un sentimiento de arrogancia y egocentrismo a la hora de realizar una compra de un producto falsificado, sin reparar en las consecuencias de su acción y equiparando el producto falsificado con los de una marca blanca o segunda marca.
Por todo ello, el equipo que ha elaborado el estudio concluye que el objetivo de las futuras campañas de concienciación y sensibilización dirigidas a los consumidores debe ser abordar el aspecto emocional, apelando al temor que experimenta el comprador a ser descubierto y a visibilizar los riesgos físicos, económicos y sociales que suponen las falsificaciones.



